Soy muy buena para desaparecer de este espacio virtual por periodos extendidos de tiempo. Probablemente es porque cuando desaparezco mi vida esta siendo lo suficientemente absorbente como para no acordarme de esto. Pero a veces me hace falta desahogarme y dejar ir a esa vocecita que me dice que siempre hago todo mal.
Pero siendo sincera, la mitad del tiempo no se lo que estoy haciendo y si camino tres pasos, dos de ellos me pregunto si fueron correctos. Aunque tambien tengo mis impulsos y mis confusiones. De esas hay muchas ultimamente.
El verano pasado fue de cambios impresionantes en mi vida, que digo el verano pasado, los últimos tres años han sido los más montañarusa ever. Siento que no he dejado de subir y bajar, subir y bajar. Pero aparte no es una montaña de metal de esas que dan miedo pero sabes que vas a llegar vivo al final. No he tenido tanta suerte. Ha sido una montaña de esas de madera construida para las fiestas patronales de -inserte nombre aqui- en las que si llegas al final, entras a la iglesia, rezas dos Aves Marías y te haces monja por un año.
No exagero, mínimo emocionalmente así han sido.
Y cuando digo que facilmente podrían escribir una sitcom de mis últimos tres años no miento.
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